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Autobuses, Dios, la Forma, La Física Cuántica y…el hombre. Vaya, vaya….

Mario Conde - Escrito el 27 de noviembre de 2008

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Ayer, a lo largo del día, en un par de ocasiones entré en el blog para leer los comentarios al “Probablemente Dios no existe, disfruta de la vida” que escribí en la madrugada anterior. Tuve que salir a cenar y al regresar volví a leer. Los comentarios fueron numerosos, muy numerosos. Algunos, no todos, se desajustaron de la materia principal y por ello ciertas voces pedían apartados especiales para consideraciones que nada tenían que ver con el asunto central. Sucede que en demasiadas ocasiones arrancas un objeto de reflexión de un modo determinado y luego alcanza vida propia, se aleja de tus intenciones primarias al encontrarse con las mentes de otros, que lo reciben no desde el mismo plano en que fue concebido, redactado y estructurado, sino que lo tamizan a través de sus preocupaciones, conocimientos, emociones y hasta intereses. Es así como cualquier producto del pensamiento humano tiene, una vez liberado de su autor, una vida incapaz de ser controlada, porque los perfiles, las dimensiones en las que puede moverse son tantas como especies y subespecies de las categorías que alberga la mente, el espíritu, el alma o lo que queráis que viva y se agite por esos sitios llamados “los adentros”.

Mi intención fue, ante todo, denunciar el esperpento como técnica. Porque, al menos para mi, es esperpéntico un autobús que en lugar de lucir un anuncio de cosmética, un reloj del ultimo instante suizo o un vota a no se qué partido político, se dedica a publicitar (porque de publicitar se trata) una frase tan incoherente y estúpida como la que atribuye a la probabilidad de la inexistencia de un ser superior el derecho al disfrute de la existencia humana. ¿Acaso los que sienten, creen o albergan eso que llaman fe, creencia en o experiencia de una Divinidad privada de formas carecen del derecho a disfrutar de la vida?. ¿Que tienen que ver las creencias/experiencias sobre el mundo del espíritu con contemplar una puesta de sol, recibir la armonía de una música bien concebida, sentir la caricia de quien amas, vibrar ante un buen producto literario o, sencillamente, sentirte vivo y gritar gracias a quien sea, se llame como se llame, si es que de alguna manera se llama, por el mero, simple y gigantesco hecho de vivir?.

Eso quería denunciar. La tiranía estúpida que contenía el esperpento. Ni siquiera se trata de localizar ese disfrute que reclama en formas animales inferiores. Sencillamente el producto en su conjunto, en su estética y en su contenido, era un esperpento y decía mucho para conocer el estado de ciertos sectores de nuestra sociedad. Porque es nuestra aunque sea Inglaterra la pionera. Porque es nuestra dado que se extenderá y no me extrañaría que en esta piel de toro, tan amancebada con el dislate estrepitoso en demasiadas ocasiones de su existencia, la iniciativa fue recibida bajo palio y situada en el lugar preferente de ese altar que entre todos, a lo largo de varias generaciones, hemos diseñado con la delicadeza de un pintor puntillista, a la magia emocional de la sinrazón.

Pues así nació y su primera derivada residía en que con ese esperpento no se atacaba la figura de la divinidad, ni siquiera las creencias, sino que se contenía, en el mejor y mas saludable de los casos, una rebelión frente a las Iglesias, todas ellas, preñadas de comportamiento en lo divino y lo humano, sobre todo lo humano inferior, indignos de residir en quiénes dicen dedicar su vida al servicio de Dios, de sus Dios, sea el que sea y tenga los atributos que tenga. Y frente a esa indignación quería resaltar el hecho de que el misterio, la necesidad de ajustar el sinsentido aparente de la existencia, caminaba por diferentes derroteros a los señalizados con direcciones prohibidas de tamaño gigantesco por los adoradores de inverso, por los materialistas recalcitrantes. Y quería señalar que esa ansia de certeza sobre lo incierto es el mecanismo mas poderoso generador de angustias y por ello en ocasiones la mística cristiana, en otras la fe del carbonero, en algunas las importaciones sin derechos de aduana de costumbres orientales, de creencias exóticas, de religiones incomprendidas, de postulados no asimilados, todo ello genera un magma en el que lo único positivo, lo verdaderamente importante es que el hombre, mientras sea hombre, parece que, conscientemente o menos atento, no quiere renunciar a saber, no quiere dejar de pelear por tratar de entenderse a sí mismo.

Creo que Joaquín Tamames centró la materia cuando advertía: “Se han hecho tantas atrocidades en nombre de ese “Dios” que lo normal, lo sano, lo emancipador, es que el hombre se rebele. Parece como si ciertas iglesias siguieran interesadas en alejar al hombre de Dios. Desde este punto de vista, una campaña así pertenece sin duda al limitado mundo de la “acción-reacción”.

A partir de ese instante el asunto comenzó a tener vida propia, a discurrir por senderos diferentes. A recibir los impulsos propios de cada uno de nosotros, a convertirse en tributario -no puede ser de otro modo- de nuestras emociones, carencias, vivencias, experiencias, limitaciones y demás ladrillos del edificio mental humano. Y se inició el circuito suavemente con Karina y sus preguntas básicas: “¿quién soy? ¿de dónde vengo y a dónde voy? Estas mismas preguntas las encontramos en los escritos sagrados de Israel, pero aparecen también en los Veda y en los Avesta; las encontramos en los escritos de Confucio y Lao-Tze y en la predicación de los Tirthankara y de Buda; asimismo se encuentran en los poemas de Homero y en las tragedias de Eurípides y Sófocles, así como en los tratados filosóficos de Platón y Aristóteles” Son, Karina, las tres preguntas básicas que se formulan al que pretende iniciarse en cualquier misterio, desde los pitagóricos de la Isla de Samos, a los mas descafeinados de la masonería americana actual.

Me imaginé la escena y esperé la acidez de Mabuse que llegó en forma de un producto que, como dice la abuela de Follan, estuvo bien concebido. “Desde Kant, la indemostrabilidad de la existencia de Dios es un hecho, y en cuanto tal, sólo la fe es el camino hacia Dios… Y si se cree en Dios, entonces Dios existe. De eso no cabe la menor duda…”. No era ni mucho menos la discusión sobre la existencia de Dios lo que constituía el objeto del debate por mí pretendido. ¡Dios me libre de semejante pedantería!. Pero, claro, de manera quizás algo sutil, comenzando por la pregunta de María S.O. “¿y como es el Dios que usted siente, Mario?”, el sendero se trazaba a golpe de plumas afiladas y afilada es la de quien se pregunta por semejante cuestión con mayor o menor acierto literario. Pero Mabuse con ese discurso merecedor del elogio de la vieja señora, negaba de golpe, sin mas, a alguien tan querido para mi como Ekchart, que llegó a a decir algo tan profundo, tan inmensamente profundo, como lo siguiente: Yo no necesito a Dios para ser, es Dios quien me necesita a mi, porque sin Dios yo soy yo, pero sin mí Dios no existe.

Como para extrañarse de que lo condenaran por hereje y quisieran llevarle a la hoguera, algo que solo evitó su muerte anterior a la sentencia y al proceso. Curiosamente sin embargo, unos cuantos metros mas de página de comentarios, Mabuse planteaba ahora la cuestión en otros términos: “¿Pero, ¿tan pequeños son, que necesitan de Dios para poder vivir?.”. Perdón, en esa dialéctica pierde Dios porque, como dijo el místico, Dios me necesita a mi para ser mi Dios. ¿Es concebible un general sin soldados?.

No podía faltar quien dijera que Física Cuántica nada tiene que ver en este asunto. Y aciertan. De todos modos me permito traer aquí la recomendación de Regina “Una recomendación bibliográfica a compartir. “CUESTIONES CUÁNTICAS”, recopila los escritos místicos de los físicos más famosos del mundo, Heisenberg, Schröedinger, Einstein, Planck…, de editorial Kairós.”. Lo he leído hace tiempo y merece la pena, sobre todo si vamos a utilizar algunos términos. Por cierto, conozco bien el principio de incertidumbre, y no opera en sentido contrario a un creador, ni tampoco abunda en la dirección favorable a su preexistencia. El creacionismo y Dios no son términos absolutamente homogéneos.

¿A qué viene la Física Cuántica?. A algo tan simple como esto: no podemos demostrar que Dios existe ni tampoco su inexistencia. Pero la Ciencia, la Física de mi amigo Newton (vaya pedantería eso de llamarle amigo), se empeñó en una visión plana de lo supuestamente real, así que era fácil estructurar la diferenciación sujeto, objeto, contenido, lugar, tiempo y forma tan querida de los estructuralistas. Pues no. No hemos sabido encontrar la materia primigenia en la vida real. ¿Ah no?. ¡Pues no!. Al final resulta que ni siquiera la relatividad Einsteniana funciona en plenitud. Al final (al final de este momento, claro, que es el principio de otros) parece que la onda y la partícula son lo mismo y al mismo tiempo sin dejar de ser diferentes.. Que el protagonista es el campo…En fin, que no apelen a la Ciencia para decir que Dios no existe porque quien no sabe si existe es el postulado científico elevado a lo axiomático por definición. Si no que se lo pregunten al antiguo empleado de las oficinas de patentes suizas que acabó su vida diciendo: “He vivido como un físico y muero como un místico”. Para mi, el drama habría sido lo contrario.

No, no quería llegar ahí. Simplemente denunciar el triple esperpento. Asumía con enorme dificultad la violación de la estética elemental con ese anuncio grosero colgado de un autobús. Si al menos fuera de uno de esos coches de caballos que se exhiben en la Feria de Sevilla… Pero, ya veis, derivamos al problema esencial, el sentido o sinsentido del vivir, el drama de ser humano sin saber en qué consiste eso. Isabel asegura que sigue buscando. Consuelo proclama que no tiene fe, que no es creyente, que no se atreve a decir que es atea, pero tampoco a negarlo,aunque asegura creer en una “fuerza superior” y añade una frase tremenda, “pero no con forma de Dios”.

Si pensamos por un segundo en términos de metafísica, ¿puede acaso el Absoluto tener forma?. No, claro que no. La Forma es el primer estadio de la agitación de lo Absoluto en su camino hacia lo relativo. Unos metros mas allá, en términos de finitud, nace la Idea de Platón. Y después lo manifiesto, las diez mil cosas. “¿Como se trenza Dios con el TAo?” pregunta María S.O. La respuesta se contiene implícita en este apartado. En lenguaje fragmentario no funciona sin la limitación de la forma. Si no hay forma no podemos nombrar, porque no podemos separar, así que aquello que es Absoluto no se puede nombrar. Y dice Lao TSé. “cualquier cosa que se pueda nombrar no es el Tao Eterno”.

Bien. llegamos a puertos difíciles, pero queridos, porque preñados de acidez amarga o repletos de ilusiones dulces, lo cierto es que mientras nos queda un gramo de existencia algunos seguiremos sabiendo que no hay caminos para la verdad, que la verdad es solo una experiencia. Quizás por eso llega el aserto de Ana:”No se si creo en Dios; le siento, me acompaña, pero, no sé si eso es creer. Lo que si tengo claro es que creo en el hombre en general, en la humanidad, pese a todo lo que pasa. Necesito creer en ¨ nosotros para poder vivir con confianza”. Cierta contradicción, si lo sientes, crees, pero eso ahora no importa. Ana dice, proclama, reclama que cree en el hombre. ¿Es el producto hombre algo que merezca ser creído?. Decía Cioran que el hedor del surco dejado por el hombre en su caminar por la historia le llevó en varias ocasiones a querer dimitir de su condición de humano. ¿Somos un producto merecedor de desprecio o debemos ser creídos?. ¿Merece confianza nuestra conducta a lo largo de la Historia?. Mejor dejamos este tema para otro momento, porque ya hemos escrito demasiado.

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