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Vivir la vida en vez de que la vida nos viva

jt-nov08“Cuando la persona comienza a nutrirse de su ser interior y logra mantenerse arraigada en si misma, puede responder de una manera también más calmada y equilibrada a las contrariedades inevitables de la existencia, e incluso utilizarlas como banco de prueba para seguir el propio desarrollo, canalizando todas las energías hacia el autoconocimiento y la conquista del entendimiento correcto y la compasión.

Entonces en lugar de que la vida “le viva” a la persona, la persona comienza a vivir conscientemente la vida y se apoya confortablemente en la presencia pura de sí, que va conquistando mediante la disciplina de  la meditación. Esta práctica permite mirar de frente al rostro original y tomar de él el sabor de la infinitud. Sólo le pido al destino que cuando la muerte me llegue, me tome meditando y mi naturaleza real sepa soltar las vestiduras vitales, para que el yo, libre y desvinculado, pueda esparcirse por el espacio ilimitado”.

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Vanidad

Vanidad….En una entrevista que concedí a la Fundación Ananta el pasado año dije que me sentía libre porque ya no tenía vanidad.

En el plano de los conceptos es claro que la vanidad es incompatible con la verdadera libertad. Como lo es la ira, o la violencia, o la lujuria. No se trata tanto de definir con precisión en qué consiste la vanidad, como en saberse sometido a ella, y que ese sometimiento implica pérdida de la desaparición de la libertad. Es, seguramente, en ese descansadero en el que Krishnamurti construye sus conceptos de libertad primera y última.

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El mal como producto humano

Ayer, como inciso final, planteaba la cuestión del origen del mal, o, mejor dicho, si la noción de mal, su existencia entre nosotros, conduce a la conclusión de encontrarnos ante un producto esencialmente humano, exclusivamente humano. Obviamente lo planteo en el terreno de la abstracción, sin referencia a personas o situaciones concretas.

Es cuestión que desde siempre me ha atraído pero confieso que de modo especial en los años en los que me tocó vivir muestras de crueldad, quizás sea mas exacto escribir maldad sin matices, de parte de determinados seres humanos que gozaban de poder de decisión en torno a mi vida y, por derivada, de quienes formaban parte de eso que llaman mi entorno. Comprobé en mis carnes decisiones que, alejadas de lo que podría entender como racionalidad, solo encajaban en un propósito de daño. A eso, aunque no sólo a eso, llamaba entonces maldad. Y no paraba de preguntarme por qué. Sufrido el mal, lo que mas me interesó fue su comprensión, su origen, la razón de su existencia.

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