El gran negocio del comercio justo

El comercio justo se ha convertido en los últimos tiempos en una herramienta más de marketing usada por las grandes cadenas distribuidoras de productos alimentarios. Estas no asumen ninguna clase de sobrecoste en la distribución y venta de estos productos, simplemente reducen el porcentaje de beneficio sobre el producto para que las ganancias sean, en cifras totales, las mismas que obtienen con la venta del mismo producto procedente del comercio tradicional. El negocio no puede ser más redondo, se emplea una herramienta de marketing que reporta enormes beneficios a la imagen de la empresa a coste cero.

Inicialmente establecido para garantizar la subsistencia de los pequeños agricultores de América del Sur, la irrupción de las grandes cadenas de distribución norteamericanas y europeas en el negocio del comercio justo ha propiciado que la certificación de comercio justo se otorgue también a grandes productores de Suramérica para poder garantizar de esta forma que la producción proporciona una respuesta ajustada a la creciente demanda, tanto en cantidad como en variedad de productos. Esta tendencia  debilita considerablemente a las pequeñas cooperativas de agricultores. Los grandes productores no están, en estos casos, exentos de cumplir con una serie de obligaciones relativas al trato y remuneración que obtienen sus trabajadores, pero, además del perjuicio que este nuevo modelo ocasiona a los pequeños agricultores, lo cual pervierte la base sobre la que esta alternativa fue establecida, añade una serie de interrogantes sobre la capacidad de monitorizar adecuadamente las prácticas de un número creciente de grandes empresas productoras que se han ido subiendo durante los últimos años al carro del comercio justo.

Pero, ¿qué ocurre con el resto de elementos que intervienen en la cadena del comercio justo? ¿Es el pequeño agricultor el único que está saliendo perjudicado? Desde luego que no, cada vez se hace más acuciante la necesidad de tener en cuenta, no sólo a los productores de la materia prima, sino a todo aquél que participa en el proceso.

Nos encontramos en este punto con dos grandes perjudicados, el importador y el pequeño fabricante.

Al haberse incrementado exponencialmente la demanda, el importador del producto debe cargar con las pérdidas ocasionadas por una mala cosecha cuando la demanda de materia prima es elevada y la producción no alcanza para cubrir el volumen solicitado, al haber cerrado los precios de compra y venta con antelación. Es el peligro con el que se encuentra desde la entrada en el juego de las grandes cadenas de distribución. Esto, en última instancia, perjudica también al pequeño productor, ya que el importador, ante la imposibilidad de asumir un riesgo tan elevado, se ve obligado a contratar la compra con grandes productores que garanticen el abastecimiento bajo cualquier circunstancia. En este sentido, proteger al importador redundaría, en último término, en la protección del pequeño productor.

El pequeño fabricante, tanto europeo como norteamericano, también se ha visto afectado, incluso en mayor medida, por las grandes cadenas de distribución. Antes de que estas se dieran cuenta de la tremenda oportunidad de negocio que suponía participar en este “mercado alternativo”, los pequeños fabricantes de café, chocolate, zumos, etc. contaban con una reducida red de tiendas en las que emplazar sus productos, lo cual no les reportaba importantes beneficios, pero era suficiente para garantizar la pervivencia de su negocio, que, en los tiempos que corren, no es poco. La posibilidad de situar su producto en las estanterías de los grandes hipermercados les abría una puerta hacia la gran masa de consumidores que muchos vieron como una bendición. Pero estas cadenas de hipermercados también han comenzado a situar en sus establecimientos el mismo producto con su propia marca y a un precio más reducido. ¿Cómo es esto posible? Sencillo, compran la materia procesada a la misma empresa que provee al pequeño fabricante pero en cantidades ingentes y con unas condiciones más beneficiosas que las que ofrecen a los pequeños fabricantes. El resultado: el pequeño fabricante ve cómo sus ventas disminuyen a causa del desigual precio ofertado al consumidor; se ve incapaz de producir lo estipulado por contrato con la cadena de distribución cuando la materia prima escasea, ya que ésta es la primera en recibir el producto procesado, lo que conlleva una serie de penalizaciones económicas por incumplimiento de contrato y, en última instancia, la retirada de su producto de las estanterías del hipermercado.

Y no sólo eso, sino que, aunque no se de la irrupción de una marca blanca que compita con su producto a menor precio, las presiones ejercidas por las grandes cadenas de distribución para que el fabricante mantenga sus precios, incluso en épocas de malas cosechas cuando la materia prima se encarece, trae como resultado que éste tenga que asumir como inevitable la disminución de beneficios, a riesgo de que su producto sea retirado de la superficie comercial en caso de que decida incrementar su precio de venta.

La solución, si bien pasa simplemente por garantizar una mayor protección a todos los participantes en la cadena, no es para nada sencilla dada la gran capacidad de presión con que cuentan las grandes cadenas de distribución.

Como alternativa, han surgido movimientos que pretenden recuperar el espíritu originario del comercio justo. Se trata de cooperativas establecidas en los países productores que se encargan, en primer lugar, de garantizar el abastecimiento de la comunidad y, en segundo lugar, de exportar el excedente, encargándose ellos mismos del procesado de la materia prima antes de hacerla llegar al importador, de manera que se aseguran un beneficio que puede llegar a ser hasta un 30% superior al obtenido por la venta del producto sin procesar.

7 Responses to “El gran negocio del comercio justo”

  1. En fechas recientes he visitado el pueblo de la Solana y he podido disfrutar por unos minutos de la compañia de Pedro, un pastor del pueblo que vende uno de los mejores quesos que nunca he probado.

    El precio al que vende el queso es de 9,50 euros el kilo con una calidad del producto difícil de encontrar en cualesquiera gran superficie incluso pagándolo al doble del precio que cobra Pedro.

    Cuando le pregunté a Pedro por qué no se encuentran quesos como el suyo, me respondió: “Mi producto es fruto de la Naturaleza. No acelero su producción mediante secaderos artificiales o productos químicos para poder vender más y ganar más. Por eso es un buen queso”.

    Nuestro afán por poseer, por tener, por consumir incluso lo que no necesitamos nos está llevando a fabricar y comerciar de forma que vamos perdiendo lo natural en favor de lo artificial.

  2. Hay nobles iniciativas que luchan por demostrar que el comercio justo es posible, pero para que acabe convirtiéndose en una realidad hace falta la voluntaria implicación del ciudadano, que no reduzca su compra a un ejercicio de buena fe de conciencia al adquirir productos con etiqueta de “comercio justo” y realmente se preocupe e involucre para saber de dónde procede el éxito de marcas que se han formado una personalidad intachable como pueda ser Nike, Adidas, Danone, Nestle,etc., y busque alternativas que demuestren en los hechos su naturaleza equitativa en todas las fases de la producción y venta de sus productos.

    http://rinconjoseca.files.wordpress.com/2010/01/werner_y_weiss_-_el_libro_negro_de_las_marcas.pdf
    http://www.youtube.com/watch?v=U2JlIrrspnA
    Buen día.

  3. Este asunto JAlonso es una de las claves de los desequilibrios que se están produciendo en nuestro mundo. Occidente, desde comienzos del capitalismo Industrial, utilizó los países del tercer mundo como despensa de materias primas (neocolonialismo). El mundo occidental poseía la tecnología y transformaba, y devolvía a los países pobres la mercancía transformada. Ahí estaba el gran secreto.

    Como los costes salariales comenzaron a elevarse tremendamente en nuestro mundo, empezamos a fabricar en países del tercer mundo, claro, con nuestra tecnología, ya a nosotros aún las cosas empezaron a costarnos más baratas y el gran bum de mano de la Globalización. El problema es que algunos de esos países ya han aprendido, y fabrican determinados productos a costes para nosotros imposibles (China), y si nosotros no tenemos tecnología alternativa de sustitución, pues nos quedamos con nuestro exceso de oferta en los almacenes, caso evidente de España, por ejemplo.

    El “comercio justo” digamos que es un disfraz e su economía para que sigan comiendo en nuestra mano, y se sigan pensando imposiblemente independientes. Bueno, realmente tienen el asunto difícil para otra cosa. Pero está muy bien lo que explicas porque hay que ver las cosas como son en realidad.

    Si no estuviéramos en este punto de crisis y aspecto de colapso mundial ¿Hasta donde hubiera sido capaz de crecer la tecnología en pos del capitalismo voraz? Ahora tenemos que modelar una nueva forma en la que todos vayamos teniendo cabida, porque nos vigilamos todos muy de cerca.

    Saludos y gracias por el artículo.

  4. Eso mismo sucede hoy mismo con los agricultores de Andalucía y España, y nadie dice nada. Los grandes negocios de hoy son las voces de los ecologistas de hace unos años. Mientras decíamos al mundo lo que debía hacerse, otros lo hacían y ahora nos lo venden, apoyados por un Gobierno descolocado, aquejado de un voluble feminismo y de unas ganas locas de volver a luchar las guerras perdidas. Creo que hay que quitar máscaras, ésas con las que envolvemos mentiras e intereses creados, la justicia está mas en nuestra propia evolución y desarrollo que en la ayuda que pensamos recibir, que solo produce dependencia. Si yo no tengo ni para comer, ¿cómo pienso en casarme?¿Cómo puedo traer hijos, y no uno sino mas de cinco (los que me manda Dios…) (..amos anda…). Aprovecho este desliz para pedir a LA MADRE que para el próximo año sea mas exijente con sus hijos que anden un poco mas por los caminos de la vida, que les exija no ser tan dependientes, que ya sabemos que los PERROS del mundo quieren mucho a su mamá, culquier cosa con tal de no hacer nada, de echarse en los lomos del primero que pasa… MENOS ATENDER A LAS COSAS DE LA MAMACITA Y MAS ANDAR Y PREPARARSE, que vaya también por los agricultores andaluces, que se han hecho dependientes. Pero si eso sucede con la Agricultura, peor aún sucede con las industrias patrocinadas y subvencionadas por el Gobierno y de los Bancos ¿què? y las Cajas pà los políticos, o cambiamos YA o se nos hará tarde como siempre. En fin tenemos lo que la Izquierda se ha propuesto .DEPENDENCIA DE MAMA.

  5. La verdad es que no entiendo que permitan meter las napias a las grandes cadenas distribuidoras en todo lo que se les antoje, pisando buenas iniciativas particulares que terminan viciando.

    Os dejo un enlace de una página de una iniciativa de 48 agricultores canarios(ahora no sé si son más)que sirven de la huerta a casa. Fué creada esta modalidad de distribución en el año 2009 tan solo con frutas y verduras, que es lo realmente interesante. Han ampliado a otros productos de consumo doméstico, (el negocio es el negocio), pero bueno se les puede perdonar porque tu si quieres los compras y si no, pues no.

    La calidad es buena y los precios por debajo de los super e hiper. Amén de las ofertas. Alabo la iniciativa que entiendo se hará también en otras provincias. Es como volver a la tiendita de la esquina que le llevabas la lista y te traía la caja a casa. Así lo recuerdo yo de pequeña.

    Tatita, lleva la lista a Don Tomás. Y allí que iba. A la hora o dos horas el que regresaba era uno de los hermanos de D. Tomás(más jovenes) con la caja de la compra de la semana.

    http://www.economatocanario.com/

  6. Yo quisiera hacer un apunte sobre la tendencia natural humana hacia el abuso.
    Curiosamente pocos negocios nacen con el fín de engañar, y sin embargo terminan engañando. y he llegado a la conclusión de que es por adaptación al medio.
    Secuencia: Vendedor o empresario marca un precio coherente por producto—cliente final o intermediario no valora la calidad sino la cantidad/precio/apariencia—vendedor termina vendiendo peor calidad a menor precio con mejor apariencia. Con lo cual pasamos a competir en las mismas condiciones y en el mismo terreno que los mercados orientales.
    En resumen creo que la culpa es del usuario, y las cadenas distribuidoras solo son oportunistas. Si el mercado demanda aparece la oferta a su medida. Si el usuario demanda calidad a un precio justo ( e instintivamente todos sabemos qué es un precio justo), el proveedor se cuidará mucho de engañar al consumidor inteligente.

  7. Creo que todo tipo de empresa valdría para cooperar con el comercio justo quizás deban pasar una criba para obtener una certificación y poderse acreditar como colaborador. Claro, todo transparente y claro, no sólo trámites de burocracia…
    Saludos