Revista de prensa: “¿A quién pertenece el talento?” (Fernando Vallespín, El País, 24-12-2010)

La ley Sinde no ha sido aprobada en el Congreso. Más por pequeños y cicateros cálculos políticos de la oposición que por auténtica convicción moral. Se podrá discutir si los procedimientos de control que prevé la ley son los adecuados o si convendría introducir otros, pero la cuestión de principio parece sensata, la protección de la propiedad intelectual en unos momentos en los que Internet permite piratear el trabajo de toda una industria, la así llamada “industria cultural”.

Son pocos los que piensan que hay que abogar por el “gratis total” y dejar las cosas como están. La mayoría de quienes se han manifestado en su contra lo han hecho a partir de la convicción de que no se pueden poner puertas al campo, que no es factible establecer un mecanismo de control adecuado sin vulnerar la lógica de este nuevo espacio de libertad que encontramos en la Red. Algunos reconocen el legítimo derecho de los creadores a algún tipo de compensación, aunque juzgándolo contingente y limitado al necesario ajuste que imponen estos nuevos medios. Sus derechos se restringen, pues, en razón de los requerimientos de este instrumento, no a la inversa. Si hay que elegir, más vale un Internet libre de interferencias -es además poco lo que se puede hacer para evitarlo- que una puesta en cuestión de este sacrosanto instrumento, caiga quien caiga.

Hay algo cierto por parte de los críticos, y es que la dificultad para asegurar el copyright está obligando a cambiar las actitudes y prácticas de la industria cultural y de quienes viven de ella. Al modificarse los soportes tradicionales -y esto es particularmente cierto respecto de la música-, se rompen muchas de las inercias anteriores en la producción y difusión. Y, sobre todo, se obliga a entrar en un completo reajuste de costes, que va en la dirección de una radical caída de precios para estimular las compras legales frente al pirateo. Es difícil de evaluar el daño económico que esto está provocando, aunque se supone que debe de ser elevado. Más difícil de calcular es ya el valor de lo perdido como consecuencia de la reducción de los incentivos que comporta para el sector de la creación artística e intelectual.

Sin una adecuada protección, ¿para qué crear o innovar? ¿Quién podrá vivir en el futuro de este tipo de actividades que se sustentan sobre el talento? El argumento de que las grandes multinacionales de esta industria podrían disminuir drásticamente sus beneficios, algo bastante popular, oculta sin embargo el daño que supone para creadores modestos, que ven reducida casi a la nada su capacidad para sobrevivir de lo que debería ser su profesión.

Lo que se aprecia en el trasfondo de este debate no es ya solo la defensa de la gratuidad o “libertad” de Internet, o la dificultad de su control, sino ciertas curiosas actitudes hacia lo cultural. Una es aquella que identifica los intereses de los creadores en general con aquellos que ya están consagrados, quizá porque su mayor popularidad les obliga a una mayor presencia pública en la defensa de los intereses de todos. Al desaparecer los más modestos del ojo público, se da la impresión de que estamos ante el lamento de una secta ya de por sí privilegiada y que se creía bien blindada detrás de la SGAE. Otra actitud es la diferente evaluación de la economía de la creatividad frente a otras actividades que tienen su origen también en el trabajo humano. A todo el mundo le parece perfecto que un abogado o un médico facturen por su trabajo, pero parece como si tuviéramos un derecho natural a beneficiarnos de los resultados de la creación artística, la innovación y el talento en general, como si nos perteneciera a todos. Al creador se le retribuiría en todo caso con prestigio.

Esta última idea entra, sin embargo, en una contradicción. Si los productos del talento y la creatividad humanas son de todos, como yo también pienso, se convierten ipso facto en un bien público que debe ser protegido. Por tanto, los responsables políticos deben garantizar que pueda ser defendida con todos los medios a nuestro alcance. Y como las subvenciones públicas solo pueden ser limitadas, la única posibilidad es que puedan competir libremente en el mercado como cualquier otro profesional, algo que en estos momentos no están en condiciones de hacer mientras no se actúe -de forma sensata y eficaz, claro- contra la piratería en Internet. ¿O pretenden que los hagamos funcionarios?

Autor: Fernando Vallespín. Publicado en El País el 24 de diciembre de 2010.

http://www.elpais.com/articulo/espana/quien/pertenece/talento/elpepiopi/20101224elpepinac_12/Tes

17 Responses to “Revista de prensa: “¿A quién pertenece el talento?” (Fernando Vallespín, El País, 24-12-2010)”

  1. Yo creo que la mayor oposición a esta ley Sinde está en que es una puerta abierta para censurar internet. Se da poder a una comisión que nadie sabe quién la va a formar ( aunque nos lo tememos ) para cerrar cualquier web y despues ya vendrá un juez a abrirla si es ilegal pero el daño estará hecho.
    Los poderes fácticos ( económicos,políticos etc ) ya dominan los medios escritos y las emisoras de radio o de TV pero les pone muy nerviosos internet y quieren dominarlo como sea. La ley Sinde tal y como está redactada es el primer paso. La oposición propuso añadir una enmienda en la que se exigiese que fuese un juez el que pudiese cerrar las páginas pero el PSOE no quiso. Curioso no ?

  2. Este artículo no toca ni el quid ni el fondo de la cuestión, -como cabe esperar de ese panfleto sectarista-, que no es otro que la “Ley Sinde”, un proyecto de censura de Internet escondido dentro del proyecto de Ley de Economía Sostenible.

    ZP el iluminado zaino y sus ideólogos de Politburó estalinista, quieren una red esclava desde la que vendernos su pérfida, amoral, revolucionaria (en sentido marxista-leninista) y estrambótica visión del mundo.

    ¿Por qué hay que proteger la creatividad y el supuesto “talento” de esa paniaguada intelligentsia subvencionada desde el Ministerio de Cultura? Con lo de talento, ¿a qué se referirán? Debe de ser a la habilidad de poder seguir chupando del bote a costa del Erario para continuar fabricando como churros esos bodrios televisivos, cinematográficos y editoriales.

    Ergo: No a la ley Sinde, no a la censura, no al cierre discrecional de aquellas páginas webs que evidencien el Gobierno fallido que sufre España.

    Nota al margen: Este mismo Foro de Debates o la inminente Web de la Fundación Civil sería una víctima propiciatoria “de manual”, de aprobarse esa ley que ya la habría querido Fraga para su Ministerio de Información.

  3. Muy buenas.
    El problema es entender la creación de arte como una profesión. Hay está el mal.

    Eso está cambiando ya en la música y también en la literatura, gracias a internet. Cualquiera publica o distribuye por si mismo y sin recibir nada a cambio.
    El verdadero artista crea por necesidad vital y comparte su obra de forma altruista. Por ejemplo:

    http://www.youtube.com/user/podline66

    Como este ejemplo existen miles.

    ¿Será lo próximo un intento para obligarnos a comercializar nuestras creaciones? Obligarnos a pagar por distribuir, o por crear quizás.

    Espero que no.

    Un saludo a todos.

  4. Discrepo.
    No creo que el creador tenga derecho a vivir de sus obras. A lo que tiene derecho es a organizar un negocio, -sometiéndose a las leyes de mercado como hacemos los demás-, en torno a su obra, y hasta ahí llegamos con las prerrogativas. La cultura española no se ordenado ni organizado empresarialmente porque siempre ha estado la SGAE por detrás como máquina de fabricar dinero. Que ha sido fantástico nadie lo duda, pero ya va siendo hora de que el chollo se acabe, entre otras cosas porque además es competencia desleal para el resto de la actividad económica. A ver porqué un señor que se llame artista, tiene más ventajas cuando crea que un señor que se llama empresario. Eso nunca lo entendí.
    Además la cultura no cuida a sus clientes, como hacemos los empresarios al uso e imponen las reglas del mercado, sino todo lo contrario, los insulta, lama ladrones, persigue y maltrata. Eso es aberrante mercantilmente hablando. No puedes cuidar sólo tus intereses, ser tan sumamente soberbio y endiosarte hasta ese punto, porque al fin tú y tu empresa –en este caso, tu obra, que no tiene porqué ser diferente y he aquí el quid de la cuestión- dependes de los que te compran. Pero no lo entienden o no lo quieren entender. O no les conviene por aquello de tener la máquina de fabricar dinero por detrás. Y las subvenciones estatales por delante. Es que no hay por dónde cogerlos…
    Además, se están saltando, como siempre y por no variar, al poder judicial. El Gobierno, a través del Ministerio de Cultura, intenta mediante esta ley sacarse de la manga una justicia paralela que enjuicie los delitos contra la propiedad intelectual al margen de los jueces dando además entrada a la diosa de sus anhelos llamada censura.
    Sinde, tienes mucha, mucha caradura. Dimite.

  5. Cuando surje alguna noticia relacionada con la SGAE ya sea en la red o en cualquier otro medio de comunicación la opinión se dispara alcanzándose importantes cotas de participación; y es que este “invento” tiene la facultad de aunar voluntades abarcando el más amplio espectro de sensibilidades o posicionamientos políticos,incluso a los más perezosos en esto de las opiniones.
    La última de estas noticias se produjo hace unos dias a raíz de una denuncia de más de 1.200 tiendas de informática que han denunciado ante la Comisión Europea a la entidad que preside Teddy Bautista y otras seis sociedades similares por un presunto abuso de posición dominante y vulneración del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE).
    En el texto de la denuncia se recoge algunas opiniones que ya de por sí son muy conocidas pero no por ello menos importantes;estas entidades operan en régimen de monopolio, imponiendo sus tarifas de forma completamente arbitraria y sin ningún tipo de control por parte del Estado. Es por ello, además, que la denuncia va dirigida también contra el Reino de España, al haber permitido este tipo de actuaciones con la aprobación de una normativa para regular la propiedad intelectual y el canon digital que propicia este tipo de prácticas.
    Entre tanto se dilucide esta nueva denuncia,recordar que existen otras ante las autoridades europeas pendiente de resolución,mientras tanto decía,el encargado de resolver en primera instancia es el comisario de la competencia un tal Joaquín Almunia,lo recuerdan. Es del PSOE si. En fin,habrá que esperar y ver.
    Saludos cordiales

  6. Si las ideas no nacen de mi bolsillo, ¿porqué me empeño que vuelvan a él? No me pagáis para que os cante, ¿cuántas veces quiero cobrar? Si he pillado una idea que me ha caido del mundo de las ideas,¿No la he utilizado y sacado provecho ya? Si se me ha encencido una idea, ¿cuantas mentes han alimentado la pila? No pensamos de dónde vienen esas cosas y ¿porqué a mi? vamos señores/as que vamos a ponernos ya mismo a parcelar lo sutil y lo desconocido. Si yo tengo mis dones en el canto, debo respetar los dones de los demás a reproducir, a ¿qué tanta avaricia?

  7. El talento NOS pertenece a TODOS y es de TODOS y no hay una sola actividad donde este no sea necesario.

    Otro gallo nos cantaría si la señora Sinde regalara talento, en vez de querer cobrarnos o robarnos en nombre de él.

    Doy gracias al talento de DIOS , del agricultor, del transportista, del envasador, del intermediario, del vendedor y al mio propio por estar disfrutando de unas jugosas naranjas mientras leo con incredulidad lo que el talento altruista de la Sr. Sinde y sus compinches de la SGAE nos querían regalar.

    Un saludo y una sonrisa talentosa

  8. Bien, pero el Talento, – y es mi opinión -, solo pertenece a todos en el momento que su poseedor quiera ceder una parte del mismo.
    Pero creo que aparte de todo, me cuesta trabajo creer que exista ese problema, cuando TODOS sabemos que la Música, esta por las nubes, los Libros, igual, y ademas los pagamos por partida doble, primero en la tienda, y luego si compramos un soporte digital, una radio, un … lo volvemos a pagar… ¿por que nadie se plantea bajar los precios? pues os lo contesto, por que así se gana menos. Pongo mi ejemplo. Hoy le compre dos Cds a mi sobrino para el regalo de Reyes, 49.80 euros ahora me pregunto: ¿que chaval dispone de este dinero para gastarlo en música, si se lo ponen gratis en la red? ¿Alguien se cree que si estos dos CDs, me hubiesen costado 25 o 30 euros habría tanta descarga?…y no quiero hablar del IVA, etc.
    aCASO ¿NO QUEREMOS TODOS EL ORIGINAL?
    Saludos

  9. SOCIEDAD LIMITADA 29 diciembre 2010 at 19:59

    Buenas tardes, parece que no se ha firmado esta ley en el congreso porque entre el Gobierno y los demás grupos parlamentarios no han hecho bien el “mercadeo” de “como esta lo mió”.
    La cuestión es que en los tiempos que corremos los políticos en general y los que legislan en particular, desde mi punto de vista, a parte de tomar medidas y explicarlas (cada uno a su manera o conveniencia), deben ser mucho más claros del “porque” y para “quien” se toman y sobre todo en que beneficia a la sociedad.
    Concretamente respecto a la música, por lo que pude ver en alguna publicación, parece que hay creadores o grupos modestos, que están teniendo mucho éxito ya que regalan sus creaciones y o canciones en Internet. Parece que su beneficio viene por este mismo motivo (gratuidad) ya que sus canciones son conocidas y llenan sus conciertos haciendo bolos en el directo. Todo ello sin tener la necesidad de pagar cuotas a distribuidores. Puede que los grandes distribuidores de productos musicales y su marketing, también deban buscar su beneficio en este mismo sentido y darse cuenta de que no es el momento censurar Internet, si no de trabajar un poco más sacando a sus artistas a la calle.
    Saludos Cordiales,

  10. Han pasado años desde que veía a Teddy Bautista ensayar con su grupo juvenil en el garaje de la casa de un amigo en la calle Dr. García Castrillo de Ciudad Jardín. Luego vendrían Los Canarios y aquel sonoro “extracto de pollo en lata” en un canción cantada en inglés “Get on your knees”. Era un fenómeno. Pasaron los años y helo aquí convertido en un inmisericorde y antipático sr. pseudo intelectual. ¡Cosas de la vida!

    ¿De quien es el talento? El talento es un bien personal como personal es la gestión del mismo. El negocio del talento ya es otra cosa.

    • Y en la sala de fiestas de “Pinito del Oro” cuando era un “mindundi” pues ya ves querida amiga !Lo que hacen las subvenciones¡ hermos pasado de ser D. Jesus, a ser los manifestantes en el palacete de SGAE cercano a Chueca.

      Un beso y feliz año.

      • Don Jesús, siempre D. Jesús. El señorio ni se compra ni se vende, se tiene o no se tiene. Un abrazo fuerte y pie derecho para entrar en 2011. Feliz Año Don Ever.

        • Pues ya ves Señora:

          Uno solo se siente un “Señor” cuando se encuentra al lado de sus ecuánimes, la comida del día después resulto una loa a los grandes que ¡cinco contertulios! casi dejan pequeño a “ser una mas” de Santa Eufemia del Arroyo.

          Que lo pases todo lo bien que puedas en esta noche, que al fin y a la postre solo se trata de una más en la vida.

          Un beso estimada Señora.

  11. Un abogado cobra por su trabajo, no cobra por la audiencia de la sala el día del juicio.
    Un músico, un creador, un artista, debería de cobrar por su trabajo sobre el escenario o por la comercialización de su producto terminado. La decisión de difundir o no su obra pertenece al autor y esa decisión es lo que se debe proteger, pero si el propio autor decide publicarla, debería de ser de dominio público y no percibir ninguna renta vitalicia por esa difusión.
    Sólo los mediocres quieren proteger sus obras. Los que tienen una fuente de talento natural inagotable no les importa ni siquiera ser plagiados o versionados.
    La diferencia entre unos y otros, es que unos llenan estadios y otros no llenan ni un ascensor pequeño con instrumentos incluidos. Por ello, estos últimos necesitan subvenciones, ayudas y canones para poder sussistir porque encima no venden ni un solo disco. Los primeros abogan por la libre distribución pero si lo insinuan publicamente…son vetados de las grandes plataformas mediáticas, ya se sabe lo que le ha pasado a muchos. Yo creo que esta ley lo que busca es controlar la red y comprobar que nadie fuma delante del monitor aunque uno se encuentre en su casa.
    El diseño de moda es arte, ¿No? Pues entonces también habría que pagar por mirar esas creaciones, o por la publicidad o… ¿por respirar? Al tiempo.
    Menos mal que el creador crea porque necesita crear, no por los beneficios, para los beneficios lo que se crean son industrias. Eso es lo que se tendría que regular y ayudar para que se crearan más.

  12. Puedo ser un mal pensado,pero creo que esta ley ha sido un engaño del gobierno a los artistas que le ayudaron en sus campañas electorales.
    Si el gobierno quiere sacar una ley la saca,negocia con el partido que sea y en contrapartida de algo consigue que CIU o PNV, le voten la ley.
    Lo que ha sucedido es que ellos se han justificado,y han echado la culpa a las demas formaciones politicas;y de paso evitan aprobar una ley muy impopular.
    Veremos en la proxima campaña electoral cuantos hacen el “video de la ceja”.
    Un saludo

  13. Queridos todos, querido Foro, antes Blog, y mucho antes también blog, muchas gracias por todo lo que habeis aportado a mi vida, por la oportunidad que me habeis dado de aprender, por la gran oportunidad que he tenido de expresarme, por los encuentros, por vuestra sabiduria, bondad y buenos ánimos compartidos, por la confianza, por haberme dejado formar parte de esta gran cadena de afectos, por todo ello un gran GRACIAS.

    GRACIAS al creador, a los que hicieron posible que fuese una realidad, cuanto mimo, información, dedicación, risas, lágrimas de emoción y cariño en estos muchos meses de andadura, de verdad ha sido un placer.

    Os quiero muchísimo, os deseo una despedida bonita del año que se va, para dar paso al nuevo con el alma dispuesta al futuro, y allí nos encontraremos, en la FC, en el camino; me teneis.

    Cierro los ojos y visualizo una ráfaga de energia brillante con haces de luz, que se extiende hacia vosotros y os arropa, y ojala lo podais percibir como un abrazo enorme y sentido.

    María Sancho

  14. Esto escribía, otrora:
    http://katsuyoshiabogados.blogspot.com/2010_03_01_archive.html
    “Ahora, recuerdo mis nociones de Filosofía del Derecho, y me pregunto por el contenido de los derechos subjetivos (incluyendo el de propiedad, subgrupo “intelectual”), y me viene a la cabeza el concepto de “legitimidad” que nos enseñaba el rojo de Peces Barba: dado que nadie tiene la autoridad para imponer a los demás su criterio, será aceptado, no ya como bueno, sino siquiera como menos malo, el de la mayoría, porque la paz y la seguridad superan en valor a los demás bienes, y se obtienen mediante el concurso de la aceptación de esa mayoría…
    ¿De verdad que la mayoría está de acuerdo con el contenido legal actual de este derecho?¿De verdad que la mayoría actúa en consecuencia, y no opera en redes P2P, y tiene más simpatía por la isla privada de Alejandro Sanz que por el pescuezo del negro que corre que se las pela por Sol?¿De verdad que la mayoría es una ladrona natural, en lugar de un mercado que reacciona cuando encuentra la vía ante una imposición oligopolística?¨¿De verdad que este asunto requiere de una protección distinta de la que requiere el empresario que no cobra sus facturas pese a haber suministrado el trabajo porque sus clientes no han obtenido una línea de crédito que se les daba sin excepción año tras año?¿De verdad que no puede ese que lleva en una grúa 60 días pedir que la policía municipal corra a palos al director de la sucursal que no dio crédito a su cliente con el que abonarle el trabajo, como corre al que vende en una manta y priva de sus merecidos emolumentos a Donatella Versace?”

    I

    Escucho el debate, y no sólo no me muda la postura, sino que añade razones, amén del escándalo que me genera que nadie haya manejado las que transcribo más arriba, ni sea capaz de poner en sistema las que he oído y de las que paso a ocuparme, que se lanzan intuitivamente al aire, pero no acaban de recibir su auténtico valor, probablemente por lo fragmentario de su planteamiento.

    Veamos.
    Para resolver un problema, es escolástico dividir su complejidad en tantas fracciones simples cuantas permitan que la generación de sus respectivas soluciones permita obtener una respuesta coherente a la pregunta global; después, conviene ir de la más fácil a la más difícil.
    En este caso, creo, el asunto presenta dos caras (como de costumbre), la formal y la material. Pese a que el debate público, por su superficialidad y falta de sinceridad, haya creado la ilusión de que la perspectiva formal es la que impide la discusión, bajo el argumento de que la ley es la ley, y lo demás son opiniones, creo precisamente que este es el aspecto más fácil de abordar. La ley no es justa por ser Ley, ni eficaz porque se promulgue por el Parlamento: al primer error llamaban “fetichismo de la Ley”, y de lo segundo es prueba cada norma que tropieza con el rechazo de la mayoría, porque inmediatamente deviene inaplicable, y a continuación se deroga. El sostén de la Ley es el contenido de la voluntad de la mayoría, expresado a través de los cauces institucionales que esa mayoría, como Poder Legitimador (Como Hecho Fundante Básico, si no recuerdo mal a Kelsen), ha elegido para concretar su postura en una norma positiva, vinculante para todos, y que previene una respuesta para caso de su incumplimiento.
    La mayoría es lo más cercano que hemos conseguido a la Justicia, y el cauce previsto para sublimar sus opciones en Leyes, las dota de validez. La eficacia de la Ley pasa por la capacidad del Gobierno que también ha sido designado, de uno u otro modo, por la Mayoría, para aplicar la Norma, esto es, para que sus incumplidores sufran el peso de la respuesta que en caso de infracción contiene la norma misma. Si no hay consecuencia prevista o Poder que pueda aplicarla, la Ley es ineficaz, y si no se aprobó por los cauces legales, es inválida, y siempre sometido su resultado al control de los jueces. Pero si no hay mayoría, a medio plazo no sirven cauces de aprobación ni previsión de sanciones, porque la norma es ilegítima, y acaba muriendo. No es que la norma injusta no pueda validarse y ser aplicada por sus operadores. Es que renunciando conscientemente a determinar lo que es justo o no, apoyamos en la mayoría y no en la justicia la viabilidad de la norma. Justa o no, es norma si se aprueba como tal por el Parlamento, y eficaz en tanto que sea realmente imponible por los encargados de juzgarla y hacer que se ejecute. Da igual si rechazamos la identificación formal de Justicia con Mayoría: ambas se usan para legitimar la Ley, y nadie sabe cuál es el contenido de la primera. La segunda será el peor de los criterios, pero todas las demás opciones presentadas son aún peores: formalmente es fácil ver que la ficción que para la Paz Social hemos construido, la identificación de la Justicia con la opinión mayoritaria, descansa sobre la realidad ineludible de que de no aceptarse la opción de la mayoría, se impondría por la fuerza de ese número, que en si misma tiene el valor de la Paz Social; o peor aún, se rechazaría por la fuerza más intensa de unos pocos, que no requiere de gran esfuerzo argumental para tacharse de Injusticia tiránica.
    El resultado, en fin, de la observación de cuántos ciudadanos creen lícito el intercambio no lucrativo de archivos en la Red, arroja un inequívoco VOTO: el comportamiento es lícito ya que lo practica la inmensa mayoría, que a su vez rechaza cuantas limitaciones se quieran imponer a ese comportamiento, e incluso destierra como parias sociales a los que intentan impedirlo, al percibir lo espúreo de su actitud (hay que ver a Ramoncín insistiendo entre lloriqueos en que ya no forma parte de la SGAE, para que deje de tratársele como un apestado), luego el derecho de propiedad no ampara a quien quiere impedirlo. La mayoría, a falta de mejor criterio de política normativa, cree que ese interés de Alejandro Sanz no es un bien protegible bajo la norma que regula la propiedad, o por decirlo de otro modo, no es una de las facultades que integran el derecho de dominio, ni aún en la categoría de las que para protegerlo se ocupan de impedir a otros determinados actos, trasunto de la que permite al dueño realizar otros en su ejercicio.

    Podemos comparar ese interés con el derecho medieval de pernada: a todas luces se rechaza por la mayoría, sólo lo defiende el que lo disfruta, la sociedad unánime se queja del abuso de quienes ejecutan la prerrogativa, y aún empieza a vislumbrarse una reacción de resistencia violenta ante el abuso, como se ha podido ver en video en determinadas ocasiones.… ¿Porqué no imaginar que en unos siglos la pretensión de esos privilegiados genere la misma repulsión al conjunto social? Porque, no nos olvidemos, no ha sido posible, pese a todas las campañas de imagen pagadas por el dinero de esos ricos, hacer calar en la población la idea de que la descarga equivale al robo.
    ¿Será porque la población no identifica lo descargado como propio de esos que lo reivindican como “suyo”?
    Conscientemente iniciamos el análisis de la segunda parte, la material, evitando incidir en los errores de los actores legales de la protección de ese interés que acabamos de demostrar como ilegítimo, porque rechazar una regla por su abuso es demagógico.
    Preferimos, por más eficiente, olvidar los excesos de la SGAE y centrarnos en que independientemente de ellos, el interés defendido no es legítimo por no coincidente con lo que la mayoría siente, último fundamento de la democracia. Como vimos antes, será válido, y no seré yo quien se dedique a pontificar sobre su “bondad”. No es legítimo, y la consecuencia es que no es eficaz, y su validez parece sólo provisional.
    Por concluir este análisis formal, un planteamiento de esos que acaban con las dudas: ¿Por qué discutir? ¿Porqué hacer depender la decisión del espúreo comportamiento de nuestros deleznables políticos, para los que nada importa el bienestar común que se les ha encomendado tutelar, sino sólo su permanencia en la poltrona? ¿Por qué no ahorrarles ese trance de tener que hacer su trabajo bien, si sabemos que ello pone en riesgo su poltrona y eso les repugna? Si hay duda acerca de si la idea que planteo es legítima en estrictos términos de mayoría democrática, y que de ser así, toda norma contraria sólo es una indigna protección de intereses minoritarios conseguida a través del uso de sus múltiples recursos para influir, de los que la población no dispone, ¿Porqué no pasar de la percepción de que esa idea es mayoritaria, y por tanto, formalmente justa, a la certeza mediante la consulta que le confiera el rango de validez de una Ley aprobada por referéndum?
    Creo que el resultado de la consulta popular no admite dudas, que los recursos invertidos en su celebración serían por tanto un derroche… pero aún así, y como cierre del razonamiento, a por ello¡¡¡ No creo que nadie ponga en duda el criterio de la mayoría al respecto.

    Como mucho, y siempre que antes hagan el ejercicio de renunciar a mentir a la mayoría y de reconocer que su idea es mejor por su calidad, aunque obviamente minoritaria, podemos considerar la idea de contrario como ingenua, y no como perversa, que es lo que ahora nos parece.

    II

    Así, queda la segunda parte, la más difícil para mi. No defendería algo con lo que no estoy de acuerdo, por más apoyo mayoritario que tuviera. Y si queda claro por lo expuesto que el panorama jurídico ha de discurrir en un sentido distinto al impuesto por esos influyentes de las pancartas pacifistas, por esos ricos de las subvenciones, por los denostados imperialistas cuya bandera ostentosamente ignoramos, pero cuyo apoyo mendigamos, sino simple y claramente en el que dicta la mayoría, debo ahora aclarar porqué creo que lo que defiendo es en si mismo moralmente correcto. Acépteseme, a cambio del riesgo que asumo por meterme en el jardín sin necesidad, que no acoja aquí discusión, y que me limite a perseguir el convencimiento del lector, porque a diferencia de lo matemático, de lo ineluctablemente mecánico del planteamiento formal, político, o democrático de más arriba, el sentido del Bien y el Mal es más bien químico, y de diferente incidencia en la sensibilidad de cada cual. Expongo mi sentimiento una vez que mis argumentos impiden que se discuta.
    1.- Poniéndome en el lugar del que no piensa como yo, aunque ese sea Alejandro Sanz, y prescindiendo de los aspectos “plásticos” del tema, de esos abusos que predisponen contra su postura, pero que no son determinantes para rechazarla hasta que haya un mejor razonamiento, debo colocarme en una noche fría de febrero, en la buhardilla en la que el hermano Sanz se refugia al abandonar el hogar paterno, ilusionado por hacer su música, sin importarle un carajo si se vende o no, porque necesita comunicarse con sus semejantes…Escribe una canción cojonuda, a todos gusta, vende muchísimo, las modelos a sus pies, otro disco, y a Miami¡¡¡ Qué éxito¡¡¡

    No, no, no, que no es así¡¡¡ Él lo sabe, si recuerda: en ese momento, está agradecidísimo de que sean trescientos y no tres (Padre, madre y abuela) los que oigan la canción, porque la puso en MYSPACE.
    Él, y todos los que están en su situación. Primer escollo para la postura: ¿Cómo es posible que sólo la defienda el músico forrado, y sólo después de forrarse, mientras que el que quiere forrarse esté en pleno desacuerdo, y vea a Internet como su planteamiento de negocio? ¿Y qué decir del que no quiere forrarse, sino que siente la imparable necesidad de comunicar sus sentimientos a la mayor cantidad posible de destinatarios, esa necesidad que define al artista, y a la que tan eficaz e igualitariamente ayuda Internet?
    Apunto una respuesta: la colocación en Red sirve al propósito del Arte, y la obstaculización al libre uso de lo colocado, además de probar que lo que haces no es arte, que pide a gritos la máxima difusión, sino producto, que sólo pretende su intercambio por precio para el que lo pueda pagar, impide al artista comunicarse, para sólo beneficio del comerciante, artesano, o como queramos llamarle tras excluir el término “artista”, pero en ningún caso le beneficia, no hay “valor añadido” que le aporte por impedirle compartir su creación.
    2.- Vale: imaginemos que esos “comerciantes no-artistas” reconocen, en perjuicio de la mentira que les hace permanecer mejor en el machito, que lo suyo no es arte, sino comercio, y aceptan que les dejen de lado los puristas, porque el euro del consumo les vale igual.
    Resultaría que, para crear el producto, se gasta en grabación en estudios carísimos, en composición por “técnicos“ que ceden su arte (aquí si) por dinero cediéndoles a las estrellas, en concepto de relaciones públicas para el lanzamiento, el mérito de la creación, en músicos de estudio a millón el minuto, en publicitarios y abogados… un montón de dinero. Y el resultante es un archivo MP3 que gusta muchísimo. El público lo oye, lo baja gratis de internet, la inversión tirada, ya no habrá más música, nadie hace nada por nada…
    No, no, no, que no es así¡¡¡ Pese a los “apocalípticos”, a todas estas estrellas no les ha ido mejor ni han ganado más en su vida¡¡¡ Aún como producto, y no como objeto de arte, esos comerciantes ganan cada vez más¡¡¡ ¿Cómo es posible? ¿Recuerda alguien la camiseta con el slogan “Home taping is killing music¡¡¡”? El soporte del casette se extinguió, la música no murió, y yo llevo una ahora que dice “Home fucking is killing prostitution”. La pretensión de que la copia en casette mataba a la música era tan ridícula que murió el soporte antes que lo soportado-amenzado¡¡¡
    Fácil, casi hasta un punto obsceno, que da pudor aclarar: Yahoo divulgó cómo se gana dinero en Internet, y no es cobrando, porque Internet es de todos, y el que quiere cobrar inmediatamente se percibe como uno que quiere robar. No se le mete en la cárcel: se le ignora, y no gana nada.
    El que da servicio sin cobrar es aclamado como héroe comunitario y, tranquilidad, el karma digital inmediatamente aparece remunerando su esfuerzo…No llegamos a ver la ruina de los buscadores gratuitos, o de las redes sociales gratuitas, sino que los utilizamos gratuitamente a la vez que sus creadores se enriquecen. No a euro por consulta, sino por vías alternativas, desde la inicial de la publicidad, hasta las más sofisticadas que difícilmente llegamos a comprender los terceros, pero que igualmente son atractivas, ya que mantienen la oferta gratuita.
    Los “apocalípticos” ganan cuando su producto llega a todos, porque venden más entradas, publicitan más productos, se les conoce más y por tanto tienen más Poder… Lo que hacen al intentar sumar a esa ganancia el mezquino euro por canción, es simple y llanamente…PERDER. Ni van a evitar que esa canción se baje gratis, ni van a estar en mejor posición para vender entradas o parecer más simpáticos de cara a hacer anuncios, etc…

    Al fin, la inconmensurable riqueza de esos, el hecho de que sólo compartan su postura los que están en su situación o desean estarlo, el radical desacuerdo de los artistas que quieren darse a conocer, y la abrumadora mayoría de los que con su voto deben delimitar el contenido de su derecho, y no están de acuerdo en que el ámbito protegido integre el privilegio, demostrándolo cada vez que compran o descargan,” votando” así miles de millones de veces diarias, y requiriendo sólo la oportunidad de poner ese voto en cauces formales, … todo eso nos dice que los reivindicadores del privilegio no tienen razón. Pero es como cuando llueve: lo más difícil de razonar es lo más simple a la apariencia. Razonar hasta crear el censo enfitéutico no ha requerido gran esfuerzo, mientras que explicar porqué cae una manzana…
    III
    Creo poder apuntar una razón que explica porqué es tan “fea” la postura de esos a los que me niego a llamar autores, no porque no lo sean, sino porque no ocupan entre los que los son una posición que los haga, ni mucho menos, representativos.
    Vaya por delante que mi amor al arte implica amor a los artistas que me mejoran y respeto a los que lo intentan sin conseguirlo. Ninguno de esos defiende la prohibición de las descargas.
    Vaya por delante también mi amor al mercado, que acarrea la admiración por los que aplican sus capacidades a la materia prima para generar un producto apetecible por posibles consumidores. Esos también se están forrando porque saben cómo se vive hoy en globalidad, y cómo se obtienen beneficios y como no, y aún más, como se es un puntal de la comunidad y cómo se es una rémora.
    Me aplico ahora a la tares de explicar porqué me parece moralmente aceptable la descarga de archivos y reprobable su prohibición, sin recurrir al argumento democrático, en si mismo bastante para que las cosas cambien.
    El que intenta impedirme bajar una película o un disco porque dice que es suyo, olvida que, a diferencia del escenario que interesada y falsamente presenta en el spot publicitario, no estoy robando el disco o el DVD de una tienda: no lo ha prensado, empaquetado, distribuido, y hecho llegar materialmente a un pueblo perdido de Timbuktú, no ha gastado en papel, plástico, gasolina, sueldos, carteles, espacios de exhibición, promoción en medios… !!!
    Se ha limitado a hacer doble click en un archivo, para usar lo que es de todos, el dominio público internáutico (Dominio público: “propiedad pública que se destina al uso o interés público”), sufragado no con sus recursos, tan grandes, sino con los muy limitados de todos, pero de manera particularmente intensa para su propio beneficio¡¡¡*

    *Este argumento principal puede reforzarse con otros subordinados, del tipo “Película subvencionada, o sea toda película española, equivale a película descargable, que para eso la he pagado una vez, a ver porqué dos” , que en el escenario aborigen permiten dar sentido a la cultura cinematográfica, pagada por todos y no exhibida en sala ni distribuida en DVD, pero que puede llegar por internet al público que la pagó, y dignificar así el trabajo de su autor… Claro que en el escenario mundial ese argumento sólo aplica a una parte pequeña del producto¡¡¡ Pero aún, ésta cuenta para ser rentable con la posterior distribución en video, luego no es cierto que la exhibición en Sala sea su soporte primario, y por tanto haya de ser sacralizada.

    Se abre paso la idea de que estos que nos dicen que les robamos son, en realidad, los que roban. En efecto, el que se asoma para que le vean, con la finalidad que sea (incluyendo mostrar lo que quiere vender), no juega con la propiedad sino con la imagen. El que quiere retener la propiedad no la abandona en una autopista y luego se queja de que los que pasaban la cogieron (res derelicta, res nullius): salvo que esté loco, lo que hace es buscar un impacto de imagen.
    Creo, por tanto, que el que coloca su trabajo en la autopista internáutica, y más aún cuando grita a los cuatro vientos que es para enseñar y no para compartir, debe ser tratado con aplicación de las normas sobre propia imagen, que tienen un abigarrado desarrollo jurisprudencial, y que contemplan la dualidad perjuicio-beneficio distinguiendo si se aplica a particulares o a quienes ceden su imagen para obtener emolumentos, relativizando desde entonces la protección de su privacidad, en lugar de invocar las que regulan el dominio.
    Si no quieres que te vean, no te expongas; si dices que la exposición no ha sido voluntaria, lo primero que debe suceder es que no se te haya pagado por ella. Mutatis mutantur, si quieres vender tu música o tu libro o tu cine, no lo pongas a pública disposición en formato pirateable. Pero, sobre todo, si aparece en la Red en tal formato, que no sea en tu página web o en la de tu Editorial.

    Es muy crítico el caso de los libros, porque no hay arte añadido que se pueda comparar con el texto para defenderlos. La mala noticia es que nadie lee, por lo que el pirateo, aún de e-books, no es atractivo. Su papel en la regeneración del hábito de leer, aún a costa del autor ya que a la postre será en su beneficio, es otro asunto distinto, aún esencialmente.

    Y aún, creo que en el caso que nos ocupa, un factor modaliza esa respuesta, y es que el medio de difusión no es privado, como pueda serlo una revista que se vende, o una televisión que busca beneficio, sino público y sufragado por todos, de modo que Alejandro Sanz no sólo no es víctima de un robo, sino que para alcanzar un beneficio que a todas luces está alcanzando, usa un potentísimo medio de difusión; medio de difusión que pagamos todos por igual, mientras que sólo él usa con especial intensidad.
    !!!Todos pagamos por que exista el espacio que él usa gratis, y él quiere cobrarnos por usar lo que él deposita en ese espacio¡¡¡ Compárese mi presencia y la suya en la Red. Y ahora, lo que por ella pagamos ambos (ojo, no por crear imágenes o programas o teras y teras de contenidos, sino por el espacio ocupado: el dominio nos cuesta igual a ambos, y su presencia es exponencialmente mayor que la mía, al punto de ser responsable de la disminución del ancho de banda de que yo dispongo si el personal se pone a ver su video el día del estreno)
    ¿Que pagamos igual?
    No, no, no, que no es así¡¡¡ No se si yo albergo gracias a Google mi humilde blog en un servidor patrio o turco, ni cuál de las dos opciones sea más cara. A este efecto, si que estamos igual.
    Pero si un degenerado usa mi página para colgar fotos de pederastia, yo llamo a la Guardia Civil para encarcelar al gorrino, mientras que si ese usa la página de Sanz a idéntico propósito…También llama a la Guardia Civil, como encargada de delitos cibernéticos. El mismo agente cobra en ambas intervenciones de mi dinero, porque el amigo Sanz está pidiendo la intervención de las Autoridades tras eludir su coste insolidariamente domiciliándose en un paraíso fiscal¡¡¡ Parece un etarra pidiendo la intervención del médico forense para certificar sus heridas derivadas de la detención: nada más patético que el que rechaza y aún intenta destruir el sistema, sobre todo en aras de un interés tan grueso, exigiendo a gritos ser protegido por ese mismo sistema que heroicamente combatía¡¡¡
    No, no es justo. El que usa la red con más intensidad debe pagar por ello más que el que la usa en menor medida, por lo que el saldo es netamente perjudicial al amigo Sanz ¿Derechos por descarga? ¿Dónde están abonados los derechos por cargar?*

    Me .atrevo a concluir que lo que nos trae a este foro es ya sólo un leve incidencia contable, según se reflejen los platos deliciosos que se han consumido. Agradezco como artista poder plasmar la factura en dos momentos distintos, Pero si no me aguanta el pavo, como es previsible,

    * No puedo por menos que expresar como disclaimer que ese A.S. no es una persona sino una categoría, y que la he denominado en función de la portavocía que el tenedor de la denominación ha venido ejerciendo. Sus circunstancias y opiniones me sirven para plantear el debate, pero equivalen a las de tantos otros en su olímpico lugar, desde Metálica a Almodovar. Disculpa, cantante, es sólo que te has puesto a tiro. No hard feelings…hace un par de años habrías sido Ramoncín. Ya nos conoceremos, y si quieres, te dejo hacer un par de asaltos conmigo para hacernos amigos.

    III

    Por último, y aunque sólo sea por agotar el argumento desde el punto de vista dialéctico…
    Hace tiempo, un tendero de discos se me quejaba de las mantas, porque le quitaban clientes. Poco tiempo antes, el mismo había sido pionero en la introducción del CD, carísimo en relación con el disco de vinilo. Pronto, su buen gusto le hizo retornar al vinilo, otra vez explorando horizontes que en este caso no eran nuevos sino perdidos, porque nadie tenía giradiscos, y de hecho la quiebra de casas fabricantes generó dramas que desincentivaban su adquisición (mi Thorens TD-2001 de cuarto de millón de pesetas quedó inservible al cerrar la fábrica, y no haber repuestos para una goma transmisora de…10 pesetas de coste¡¡¡). Como quiera que fuese, tuvo claro que un CD es un plástico casi sin valor que almacena una larga serie de 0 y 1, en un espacio tan pequeño que no permite arte añadido. El vinilo es todo lo contrario… El mercado obró el milagro, cual karma liberal: el producto sobrevalorado perdió la batalla al ponerse en competencia con su réplica a coste real de producción (mentira el argumento de que el pirata no soportaba el coste de creación: hoy un CD oficial cuesta la tercera parte que entonces, luego entonces nos estaban robando), y el producto tan amado de los aficionados no solo pese a, sino aún precisamente por, sus imperfecciones, triunfa en ventas, sin amenaza del mercado pirata, que se limita a traficar con 0 y 1 puestos voluntariamente a su disposición por sus productores.
    Este hombre vende vinilos otra vez, y no se siente amenazado por ninguna competencia desleal. En realidad, su seguridad descansa sobre el hecho de que ya no vende lo que no vale lo que cuesta, no colabora en el robo al consumidor perpetrado durante tantos años y con tanto desprecio, y no sufre ahora su revancha. Dudo que ninguna mafia china, aún esclavizando mano de obra y eludiendo el coste del artista, sea capaz de replicar un doble vinilo de 180 gramos con portada original de cartón y letras en folleto interior por mucho menos de lo que se vende en los cauces legales ese producto… Por tanto ese es un buen nicho de mercado que no necesita de la protección de nada que no sea su valor en mercado. No necesita campañas de imagen para justificar su coste ni leyes que lo tutelen. No intenta robar el medio o espacio que es de todos para colocar su imagen ni mentir para que ese humo se convierta en una “propiedad”. Si lo quieres, lo compras. Si lo encuentras más barato, puedes optar porque el caro habrá de aceptar que su exceso de precio es un abuso. Por supuesto que pequeñas variaciones afectan al producto original, pero su tamaño no lo compromete, su ahorro inevitablemente acarreará renunciar a los pequeños detalles que el coleccionista agradece y que siempre quedarán fuera de la réplica; y a cambio se permitirá al aficionado probar antes de comprar, construyendo su colección con criterio, y no a golpe de engaños publicitarios que sólo hacen inútil un tanto por ciento de esa colección, en lugar de hacerla la mejor posible en función de los gustos y medios disponibles de su propietario, y al fin cayendo el mismo dinero en manos del artista, pero en este caso no del que se publicita, sino del que gusta al comprador.

    Da escalofríos, ¿Verdad? El Mercado… Es lo que tiene…

    Buenas noches.