El materialismo espiritual es corrosivo como apuntábamos en el artículo anterior. Hay tres factores que determinan el nefasto camino: la ignorancia, el miedo y el orgullo. Como es la primera –el miedo-, causa de las dos siguiente, nos vamos a centrar en ella retomando el tema del materialismo espiritual y las creencias. Y me basaré para ello en un ejemplo pragmático que nos puede ayudar a entender a qué me refiero con todo esto. Para ello, nos haremos valer de una pregunta llena de miedo, ignorancia y orgullo. Es la siguiente: ¿Era Jesucristo homosexual? Esta pregunta encierra una trampa tremenda, y es por ello que es apropiada para comprobar en nuestras carnes cual de los tres factores dominan nuestras vidas
Decía que la creencia en sí misma no es mala. Pertenece a ese tipo de productos psicológicos que pretenden adormecer, tranquilizar o procurar seguridad ante los interrogantes de la vida, sobre todo esos que ante la imposibilidad de una respuesta segura, son productores de angustias. El problema viene cuando la creencia psicológica se transforma en creencia social. Es decir, traspasa de lo meramente privado a la esfera pública, creándose con ello un magma productor de realidades intangibles.

En estos días comienza a hacerse más patente en los medios de comunicación el tema de la gripe porcina y el rango de exclusividad que ha adquirido la vacuna que supuestamente ayuda a combatirla. En todo caso, salvo que pertenezcamos a algún colectivo laboral implicado directamente con los afectados y se nos obligue por ley a vacunarnos (si es que esto es posible), somos libres de escoger si queremos introducir en nuestro organismo -y en el de nuestros hijos- la vacuna que se vende como panacea para esta aparente pandemia: el fármaco Tamiflu.
Hace unos días, caminando por el bosque, encontré un viejo cuaderno oculto en el tronco de un árbol. Es un cuaderno cosido a mano, delicadamente construido y de bellos colores. Tiene varias páginas arrancadas y una parte del texto es ilegible, pero la parte central está intacta y escrita con una caligrafía muy cuidada. Dice así:


